Abono para moqueta
Hay superficies que no se pisan: se habitan. La moqueta, por ejemplo. La moqueta ministerial tiene una cualidad casi orgánica. Absorbe pasos, engulle convicciones, amortigua la memoria. No cruje, no protesta, no hace ruido cuando alguien cambia la bata por la chaqueta. Simplemente drena. Y al cabo de un tiempo, quien la pisa ya no recuerda si alguna vez llevó fonendoscopio. El caso de Mónica García es paradigmático. Hubo un tiempo en que parecía hablar el idioma de los pasillos hospitalarios. Conocía las guardias interminables, el agotamiento estructural, la precariedad disfrazada de vocación. Hubo un tiempo —aparentemente— en que defendía reivindicaciones médicas con la convicción de quien ha sostenido una historia clínica entre las manos. Pero la moqueta es paciente. Un día la bata se cuelga. Otro día el fonendoscopio se guarda en un cajón. Y sin que nadie escuche el chasquido exacto del cambio, la médica se convierte en política. Una más. Lo grave no es el tránsito. Lo grave ...