La Ministra de los Corderos
En respuesta y sincronía (y prácticamente “simbiosis”) con lo expuesto por SIMPA en su artículo “La Ministra que no amaba a los Médicos”
La reciente publicación del Sindicato Médico de Asturias, bajo el irónico título "La Ministra que no amaba a los médicos", ha captado con precisión un sentir que atraviesa toda la geografía sanitaria española. Desde el Norte hasta el Sur, el mensaje resuena con una claridad inquietante: quienes deberían conocer mejor que nadie la realidad del colectivo médico parecen actuar, con demasiada frecuencia, como si jamás hubiesen compartido guardias, pasillos ni la vulnerabilidad cotidiana de la asistencia.
En esa misma línea —y reforzando la sintonía entre organizaciones profesionales del país— desde el Sindicato Médico de Córdoba queremos aportar nuestra voz en esta reflexión, con un título que, sin abandonar la ironía literaria o cinematográfica, revela quizá mejor las expectativas que el Ministerio parecía tener de nosotros: "La Ministra de los Corderos".
Porque, seamos claros: no esperaban médicos. Esperaban corderos.
Esperaban un colectivo dócil, resignado, inclinado a aceptar sin ruido cualquier decisión llegada desde los despachos. Esperaban profesionales agotados, aislados, enfrentados entre sí, demasiado cansados como para plantar cara. Esperaban que acudiéramos a cada mesa de negociación como quien acude al sacrificio, con la cabeza gacha, con el "sí" ya preparado. Corderos, en definitiva, que asumieran su papel sin siquiera balar.
Pero se encontraron otra cosa.
Se encontraron un colectivo harto de novela negra, luchando por un color diferente para su futuro profesional. Se encontraron con un colectivo indignado, sí, pero también unido, profesional, organizado y determinado a defender su dignidad. Se encontraron con un colectivo que conoce los diagnósticos, los comparte y mantiene una línea común desde Asturias a Andalucía. Se encontraron con la evidencia, quizá inesperada para algunos, de que la profesión médica sigue viva, fuerte y consciente de lo que está en juego.
Y lo que está en juego no es un complemento, ni una firma puntual, ni una foto institucional. Lo que está en juego es la supervivencia del ejercicio profesional y la dignidad profesional que han asesinado en serie. Lo que está en juego es que los médicos puedan ejercer sin precariedad, sin presión política, sin ser utilizados como mano de obra consumible. Lo que está en juego es la sanidad pública misma, que no puede sostenerse sin quienes la hacen real, día tras día.
La metáfora del cordero es incómoda, por supuesto. Lo es porque expone un intento —consciente o no— de infantilizar y desactivar a un colectivo altamente cualificado. Lo es porque revela la distancia entre el discurso oficial y la realidad palpable de hospitales y centros de salud. Pero también es una metáfora poderosa, porque evidencia el contraste: esperaban mansedumbre; encontraron resistencia.
Desde Córdoba lo decimos con claridad: no somos corderos. Somos médicos. Somos profesionales que hemos demostrado, con hechos, que la unión Norte-Sur no es un eslogan, sino una necesidad y una realidad. Somos quienes sostienen el sistema cuando todo lo demás falla. Y somos quienes vamos a seguir exigiendo respeto, condiciones dignas y políticas sanitarias basadas en la realidad y no en la propaganda.
Puede que la Ministra no amara a los médicos. Puede incluso que nos prefiriera callados, dóciles, alineados sin rechistar. Pero esta profesión —la de verdad, la que se forja en la madrugadas, en consultas, urgencias, quirófanos, en la decisión difícil — no es un rebaño ni nunca lo será: si somos cordero ni estaremos en silencio
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