Abono para moqueta

 



Hay superficies que no se pisan: se habitan. La moqueta, por ejemplo.

La moqueta ministerial tiene una cualidad casi orgánica. Absorbe pasos, engulle convicciones, amortigua la memoria. No cruje, no protesta, no hace ruido cuando alguien cambia la bata por la chaqueta. Simplemente drena. Y al cabo de un tiempo, quien la pisa ya no recuerda si alguna vez llevó fonendoscopio.

El caso de Mónica García es paradigmático.
Hubo un tiempo en que parecía hablar el idioma de los pasillos hospitalarios. Conocía las guardias interminables, el agotamiento estructural, la precariedad disfrazada de vocación. Hubo un tiempo —aparentemente— en que defendía reivindicaciones médicas con la convicción de quien ha sostenido una historia clínica entre las manos.

Pero la moqueta es paciente. Un día la bata se cuelga. Otro día el fonendoscopio se guarda en un cajón. Y sin que nadie escuche el chasquido exacto del cambio, la médica se convierte en política. Una más.

Lo grave no es el tránsito. Lo grave es la metamorfosis. Cuando quien conocía el problema comienza a rodearlo con retórica. Cuando quien denunciaba la falta de planificación estructural empieza a hablar en consignas. Cuando el diagnóstico se sustituye por el eslogan.

Como ministra, la sensación para buena parte del colectivo médico es amarga: decepción y fraude. Fraude doble, incluso. Porque no hablamos de una gestora ajena a la profesión, sino de alguien que la ejerció. Cuando además se suma el factor Javier Padilla, el efecto no es lineal, sino exponencial: más ideología, más relato, menos solución estructural.

Y la Sanidad Pública española no necesita relatos.

Necesita abordar —de una vez— los problemas que se enquistan:

· La planificación deficiente de plantillas médicas.

· La precariedad contractual normalizada.

· La sobrecarga asistencial crónica.

·La fuga de talento joven.

· La pérdida progresiva de atractivo profesional.

Nada de eso se resuelve con demagogia. Nada de eso mejora con el populismo. Nada de eso entiende de izquierdas, derechas o ideologías  intergalácticas.

Los problemas del sistema sanitario público están muy por encima de la ideología. Son estructurales, técnicos, complejos. Exigen rigor, negociación honesta y valentía política. Pero valentía de la incómoda, no de la performativa.

En cambio, la sensación creciente es la de una corriente sustitutoria: desplazar al médico como eje vertebrador del sistema hacia modelos low cost, donde la calidad se fragmenta y la responsabilidad se diluye. Paradójicamente, esta estrategia puede alimentar la misma privatización contra la que, supuestamente (de palabra), la Ministra combate. Cuando el sistema público pierde músculo profesional, el mercado afila los colmillos.

No haber sabido —o no haber querido— afrontar ni uno solo de los grandes problemas estructurales marcará el recuerdo; el recuerdo de la inacción eficazmente envuelta en discurso.

Al final, la moqueta tiene vida propia. Se nutre de renuncias pequeñas. De silencios tácticos. De giros narrativos. Y no se alimenta sola.

Un médico que olvida de dónde viene aporta su ración de abono. Cada promesa diluida fertiliza el tejido blando del poder.

Una ministra más. Más abono para la moqueta.


Pedro Jiménez Cabrero

Vicepresidente SMA Córdoba


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