Rehén de la moqueta, secuestrada por su chaqueta
La ministra Mónica García ha pedido a los médicos que abandonemos la huelga para no tener a los pacientes como “rehenes”. Es una afirmación grave. Y, sobre todo, profundamente injusta.
Resulta difícil no pensar en esa figura que circula por las redes: la ministra representada como alguien a quien le crece la nariz cada vez que habla. Porque, una vez más, el relato que intenta imponer desde la moqueta del ministerio se sostiene sobre una falsedad. Quien hoy ocupa un despacho alfombrado y viste chaqueta ministerial parece haber olvidado a la médica que decía defender la dignidad profesional de quienes llevan una bata blanca.
Aquella voz que (supuestamente) un día denunciaba la precariedad, el maltrato institucional y el deterioro de la sanidad pública se ha transformado en otra cosa: en alguien que señala al colectivo médico como culpable del problema.
Conviene recordar una verdad incómoda: si hoy el sistema sanitario español sigue funcionando es, en gran medida, porque los médicos llevamos años actuando como rehenes de nuestra propia vocación.
Durante años hemos asumido sobrecargas asistenciales inaceptables, agendas imposibles, falta de sustituciones, guardias interminables y condiciones laborales que nadie en su sano juicio podría defender. Lo hemos hecho precisamente para evitar que los pacientes se conviertan —aún más— en rehenes del colapso sanitario.
Porque el colapso existe. Y quienes trabajan dentro del sistema lo ven cada día.
Listas de espera crecientes, plantillas insuficientes, fuga de profesionales, agotamiento generalizado y una auténtica epidemia de burnout médico. Un deterioro progresivo que recuerda de forma inquietante al camino que recorrió el National Health Service británico, hoy atrapado en una crisis estructural que durante años también se negó públicamente.
Ese es el verdadero riesgo. Ese es el debate que debería estar encima de la mesa.
Sin embargo, en lugar de diálogo, lo que llega desde el ministerio es un intento de deslegitimar la protesta médica mediante un recurso retórico tan viejo como eficaz: acusar a quienes reclaman mejoras de perjudicar a los pacientes… matar al mensajero.
Pero no.
Los médicos no hemos tomado a nadie como rehén. Los médicos llevamos demasiado tiempo siendo los rehenes silenciosos de un sistema que se sostiene sobre nuestro sacrificio personal y familiar.
La huelga no nace del capricho ni de la indiferencia hacia los pacientes. Nace precisamente del compromiso con ellos. Porque quienes vemos cada día las grietas del sistema sabemos que seguir mirando hacia otro lado solo agravará el problema.
Ministra: deje de utilizar a los pacientes como argumento contra quienes intentan salvar el sistema en el que usted misma trabaja. Y, sobre todo, deje de utilizarlos como rehenes de su relato, de sus mentiras y de una preocupante falta de diálogo con quienes sostienen la sanidad pública cada día.
Los médicos no somos el problema.
Somos, desde hace demasiado tiempo, el último dique que impide que el sistema sanitario se derrumbe del todo.
SMA Córdoba
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